Personal, Reflexión | 3 de mayo de 2017

¿Tienes el síndrome del fanático?

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No sé si te había contado esto antes pero me gustan mucho las películas indias, lo que se conoce como el cine Bollywood.

Una de las últimas que he visto y que me gustó bastante fue Fan, protagonizada por Shah Rukh Khan. Esta producción trata de un muchacho que es fanático devoto de un actor de cine y que hace hasta lo imposible por conocerlo, pero que luego de conseguirlo se lleva una decepción que convierte toda su admiración en rabia.

Luego de ver esta historia me quedé pensando mucho sobre el síndrome del impostor y —lo que se me ha ocurrido llamar— el síndrome del fanático.

Veamos de qué van estos conceptos:

¿Qué es el síndrome del impostor?

Es algo muy frecuente entre las personas que trabajan en algún área creativa y consiste en sentir que eres un fraude o, como bien dice su nombre, un impostor.

Esto nace porque tú conoces todo lo que haces y piensas, por lo tanto eres consciente de todas y cada una de tus debilidades, mientras que el resto del mundo solo ve una versión editada de quién eres. Ellos solo ven al impostor, al que no se equivoca, el que hace las cosas bien y es completamente seguro.

Tú estás todo el día lidiando con la versión real de ti mismo, la que no tiene idea de lo que está haciendo, la que en verdad no es tan inteligente, ni tan talentosa, ni tan creativa y eso te produce una gran angustia, porque sabes que en algún momento todo el mundo va a descubrirlo y se van a sentir decepcionados de ti.

No soy un psicólogo, por lo que no puedo darte una explicación científica y detallada de lo que es el síndrome del impostor, pero así es cómo lo entiendo y lo he sentido. Tal vez la wikipedia haga un mejor trabajo.

La honestidad es clave

Debo confesar que el sentirse un impostor no es un tema tan importante para mí, principalmente porque siempre intento ser honesto, tanto con la gente que me rodea como contigo aquí en mi sitio. Eso, de alguna manera, hace que no tenga esa sensación de impertenencia al pretender ser una persona en público y ser alguien completamente diferente en privado.

No quiero que alguien se haga una idea falsa de mí, por eso en mis artículos he expuesto en múltiples ocasiones mis debilidades y defectos. He compartido abiertamente las dificultades que he enfrentado e incluso he declarado que realmente no sé casi nada.

Mi consciencia está tranquila, porque nunca he querido aparentar algo que no soy con el objetivo de que vender más cursos, tener más suscriptores o conseguir que personas en el internet (gente que nunca he conocido y probablemente nunca conoceré) me admiren.

Nunca he dicho que tengo la vida perfecta, que nado en billetes o que tengo todos mis problemas resueltos.. Pero aún así, de tanto en tanto alguien dice me que admira y que le gustaría tener una vida como la mía. Cuando esto ocurre acepto el halago y lo agradezco, pero de inmediato me pregunto «¿En serio?»

Es cierto, hay personas que tienen una vida mucho más complicada que la mía, a quienes se les han presentado enormes contratiempos y, para ellos, quizás mi vida, o la de otras personas, parezcan como algo de ensueño, pero no creo que ese sea el caso.

Me parece que la mayoría de las personas que desean vivir la vida de otra persona que no conocen personalmente tienen el síndrome del fanático.

¿Por qué el síndrome del fanático?

Bueno, básicamente por la película que mencioné al principio.

Cuando eres fanático de alguien tiendes a poner a esa persona en un pedestal, a pensar en ella como la encarnación de la perfección, como la figura en la que decantan todas las cualidades de la grandeza. Para ti representa todas las características y posesiones que tú no tienes, pero su existencia te permite soñar e imaginarte cómo sería si las tuvieras.

Dentro de ese fanatismo a veces olvidamos que a quien admiramos es a un personaje y no a la persona real. Creemos que la imagen que tenemos en la cabeza es una exacta representación de la realidad, pero nunca lo es. Esto aplica incluso con las personas que conocemos muy de cerca. De seguro hay alguien cercano a quien admires (tu mamá, tu papá, un hermano, un tío, un amigo etc.) y, a pesar de que se trata de alguien a quien conoces bien, en tu mente hay una imagen bastante mejorada de él o ella.

No estoy para nada en contra de admirar a otras personas, de hecho, ya te conté anteriormente lo importante que son los héroes creativos, pero debemos tener siempre presente que a quien admiramos es a una versión imaginaria y mejorada de la persona real.

Por eso yo trato de ser cuidadoso con el lenguaje. En lugar de decir que admiro a alguien, prefiero decir qué parte de él o ella admiro. Por ejemplo, admiro mucho la creatividad de Stefan Sagmeister, las ilustraciones de Kim Jung Gi, la música de Sade y las historias de Alan Moore. ¿Los admiro en cada aspecto aspecto de su vida? No. No los conozco tan a fondo como para afirmar algo por el estilo, sin embargo, una persona con el síndrome del fanático sí lo haría.

Bueno, pero ¿Cuál es el problema?

El problema es que cuando idolatras a una persona y la pones en un pedestal construyes a un personaje tan perfecto que se vuelve imposible de seguir, por lo tanto, corres el peligro de no actuar para cumplir tus propósitos.

La perfección, al menos la percepción humana de la perfección, ese estado en donde todo esta bajo control y no hay chance alguna de error, aún no ha sido alcanzada por persona alguna,así que no pongas en tu mente a nadie en esa posición.

Si alguien te inspira o se convierte en un referente para ti, genial usa eso a tu favor. Intenta aprender de esa persona, de su trabajo, de su creatividad, pero no desees vivir su vida, porque quizás cosas terribles que no conoces pueden estar pasando en su vida y, lo peor de todo, estás rechazando todas las cosas buenas que hoy ya tienes en lugar de disfrutarlas.

La única vida que debes vivir en la tuya, con un interés de hacerla cada vez mejor, pero sin querer convertirte en alguien más.

Mira lo que le pasó a Stan, en la canción que canta Eminem 🙁

Las personas que tienen una imagen pública pueden hacer todo lo que esté a su alcance para proyectar una imagen lo más real posible, pero si tú te niegas a ver que se trata de personas iguales a ti, con virtudes y defectos, el problema es tuyo.

¿Tienes el síndrome del fanático?

Un abrazo,
@FranciscoAMK

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