No quiero llegar a viejo y arrepentirme de haber trabajado tanto.

Se dice que cuando las personas están en su lecho de muerte apunto de dejar este mundo, uno de los comentarios que más se repite es el deseo de haber trabajado menos.

Al mirar su vida en retrospectiva, la gente desearía haber invertido menos tiempo ocupándose de los quehaceres de su empleo y, en cambio, haber usado más de su energía en estar presente con su familia y amigos o realizando actividades reconfortantes a un nivel profundo.

Este hecho tiene bastante sentido y resuena con muchas personas (me atrevo a decir que con la mayor parte de quienes viven y trabajan en la ciudad), por eso ha sido difundido de muchas formas y en muchos canales. Se usa como una manera de sacudir a la masa para hacerlos despertar y darse cuenta de que están desperdiciando su vida en cosas que no valen la pena.

Sin embargo, cuando la gente habla de este hecho, se olvidan de algo importante: Estos son los arrepentimientos de la gente normal, de las personas comunes y corrientes.

No sé tú, pero al menos yo no tengo interés de compararme con la gente normal, porque no quiero ser uno de ellos. Prefiero observar a las personas extraordinarias y tratar de ser uno de ellos algún día.

En mi mente proyecto a la gente que admiro y puedo ver que ninguno de ellos tiene este arrepentimiento:

No creo que Picasso antes de morir deseara haber pintado menos. No creo que Freddie Mercury deseara haber pasado menos tiempo cantando. No creo que la madre Teresa de Calcuta deseara haber ayudado a menos personas. No creo que un profesor deseara haber enseñado a leer a menos niños. No creo que un geriatra deseara haber ayudado a menos ancianos a tener un mejor pasar.

La pregunta que surge entonces es ¿Qué diferencia hay entre quienes se arrepienten de su trabajo y quienes se alegran de haberlo hecho?

Propósito

Desde mi punto de vista lo que marca la diferencia es la existencia de un propósito, o bien, la ausencia de éste.

Durante los tres años que estuve en un periódico, a pesar de que me lo pasé muy bien y aprendí un montón, la forma de afrontar mi labor era bastante desentendida. Iba, hacía mis diseños y a la hora de salida me olvidaba completamente del trabajo para enfocarme en las cosas que de verdad me interesaban.

Era un buen miembro del equipo, sin dudas. Me esforzaba por cumplir y ser un aporte, pero no daba ese esfuerzo extra, no ponía esas ganas adicionales que marcan la diferencia, porque mi empleo no era más que un medio para conseguir un sueldo. No había ningún sentido de propósito allí, no estaba desarrollando mi creatividad en su máximo potencial, no tenía control sobre mis creaciones y, salvo contadas excepciones, no sentía que mis diseños fueran un real aporte a la comunidad.

Hoy día, en cambio, a pesar de que tengo días y períodos malos como todo el mundo, siento que mi trabajo vale la pena, que merece poner un esfuerzo adicional.

Siento que estar sentado escribiendo este artículo es un trabajo que debe ser hecho de corazón. No solamente porque me gusta y me permite desarrollar mi creatividad, sino también porque sé que tiene un impacto, puede resultar útil a otras personas y, aunque sea de manera casi imperceptible, hace el mundo un poquito mejor.

Es reconfortante levantarte en la mañana sabiendo que tus acciones tienen un propósito que va más allá de simplemente obtener un sueldo o hacer que la empresa que te contrató gane más dinero.

Un buen trabajo para mí siempre va a cumplir 2 propósitos: Explorar mi creatividad y aportar algo valioso a alguien más. Mientras esté realizando una labor que cumpla con estas condiciones, no creo que llegue a arrepentirme de ello.

Lo mío es la creatividad, pero en tu caso las condiciones que definen un trabajo realizado con propósito pueden ser completamente diferentes. Tu enfoque puede estar más orientado al servicio, a la espiritualidad, a la ayuda a la comunidad o lo que sea que para ti sea fundamental. Al final todo depende de qué tan bien te conozcas.

El trabajo es tan importante como tú decidas

Para algunas personas, como yo, su trabajo significa mucho, por eso buscan enforcarse en algo que importe y que no sea solo un sustento económico, pero no todo el mundo es así.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de conversar largo y tendido con una de las estudiantes del curso “Diseño efectivo de sitios web”. Durante la conversación me comentó lo mucho que le llamaba la atención todas las cosas que hago: Escribir en este blog, lanzar cursos, promocionarlos, diseñar para clientes y para mi propio sitio entre un montón de otras cosas. «¿Cómo lo haces?» se preguntaba y le dije que es bastante simple: Enfocándome y trabajando un montón.

Lo que me respondió fue lo más interesante: «Yo no podría hacer eso, porque por más que desee crear algunas cosas, en este momento es mucho más importante el deseo de estar con mis hijos y ninguna aventura creativa va a quitarme tiempo con ellos».

Ahí está el testimonio latente de alguien que conoce sus prioridades y no está dispuesta a tranzar con ellos. Mientras que, por mi parte, no me molesta trabajar un par de horas más de lo planificado o levantarme temprano un día domingo para escribir este artículo, ella ni siquiera lo piensa. No es que sea holgazana o desmotivada, en absoluto, es solo que sabe lo que es importante para ella y lo protege.

No te arrepientas

A lo que quiero llegar con todo esto es que tanto como quiero llegar a mi lecho de muerte (cuando sea que eso ocurra) sin tener remordimientos de haber trabajado demasiado, deseo exactamente lo mismo para ti.

Para poder lograrlo creo que hay 2 caminos:

  1. Encuentra un trabajo que tenga un propósito real y profundo, que te haga sentir bien y te llene de alegría. Cuando lo tengas, lánzate a él con todas tus ganas.
  2. Encuentra lo que es importante en tu vida, portégelo y dale a tu trabajo solo la relevancia que merece. Ni una pizca más. Úsalo como un medio para obtener el sustento requerido, pero no dejes que se apodere de ti.

Ninguna de las dos opciones es mejor que la otra. Lo importante es que tomes una decisión de manera consciente y no te dejes llevar por los requerimientos del mundo.

Siempre habrá gente exigiendo cosas de ti que no se alinean con tus objetivos. Ser un adulto responsable a veces significa decir que no a los demás para poder decir que sí a ti misma o a ti mismo.

Por último, es muy importante que no te tomes estas dos opciones como absolutas. No se trata de decidir realizar un trabajo con propósito y dejar de lado todo lo demás en tu vida. Tampoco se trata de enfocarte en tu familia, por ejemplo, y convertirte en un trabajador mediocre que solo estropea cosas. Se trata de encontrar un equilibrio en donde trates a las cosas importantes con la importancia que merecen sin dejar el resto abandonadas.

No es un camino fácil, lo sé. Me enfrento día a día con las difícil tarea de decidir a qué prestarle atención y a qué no, pero sé que del otro lado estás tú en la misma situación y eso lo hace más llevadero. Estamos juntos en esto.

Un abrazo,
@FranciscoAMK