Diseño, Reflexión | 16 de marzo de 2016

El ying y el yang del diseño web

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El fin de semana estuvimos un buen rato hablando con mi esposa sobre los ilustradores que más nos gustaban cuando teníamos 20 años (o un poco más), cuáles son los que más admiramos hoy y cómo nuestros gustos e intereses han ido cambiando.

La verdad es que en aquellos momentos, cuando recién estábamos tratando de entrar como profesionales en la industria creativa, éramos fácilmente cautivados por la técnica que algunos artistas empleaban.

Por aquel entonces alucinábamos con artistas como Artgerm, Jim Lee o Sergio Ordonez, sin embargo, en estos casi 10 años hemos comenzado a admirar mucho más a otros creativos que destacan por cosas que van más allá de la técnica, como por ejemplo Nathan Fowkes, Pascal Campion, Craig Mullins y algunos más antiguos como John Singer Sargent y Norman Rockwell.

No es que haya algo mal con el primer grupo de artistas. Siguen siendo muy buenos y, en algunos de ellos, hemos descubierto facetas que estaban ocultas a nuestros ojos cuando solo nos preocupábamos por la técnica, pero a medida que evolucionas como artista, comienzas a apreciar cosas más profundas. La técnica es solo una parte del trabajo creativo, una parte muy importante sin duda alguna, pero que carece de sentido si no está sustentada por principios fundamentales como la composición, el manejo de la atención o un correcto uso del color a favor de la emocionalidad y la expresión.

Esta forma de evolucionar en cuanto a la apreciación del arte y la creatividad, también podemos verla reflejada en cómo se suele disfrutar de la música. Los más adolescentes, por lo general, son fácilmente encantados por estilos llamativos y talentos individuales que sobresalen y que podemos ver plasmados con frecuencia en solos de guitarra o batería impresionantes.

Sin embargo, quienes tienen más conocimiento y experiencia en la música pueden mirar a través de esa máscara superficial del estilo y la individualidad y encontrar la belleza en la composición, en los arreglos, en la armonía o en cómo se transmite una emoción. Todas esas son cosas que no necesitan ser complejas, sino funcionar en armonía.

Supongo que esta misma lógica aplica a todo tipo de arte y actividad creativa.

¿Qué tiene que ver esto con diseño web?

La semana pasada conocí en vivo y en directo a alguien con quien sólo había tenido la oportunidad de conversar por email. Se trataba de un diseñador web igual que yo, así que la conversación giraba en torno a ese tema.

En un momento él me preguntó “¿Piensas que ya es momento de usar flexbox en nuestros sitios?” Se trata de un tema que no he estudiado en profundidad todavía, así que mi respuesta no fué 100% asertiva sino más bien algo como “Depende principalmente del público que visite el sitio”.

Mi respuesta fue, creo, políticamente correcta, sin embargo una respuesta completamente honesta habría sido “no me importa mucho”.

Es cierto que es fundamental que como creativos estemos en constante estudio y aprendizaje de todo aquello relacionado con nuestro oficio, pero al mismo tiempo debemos evitar caer en la trampa de sólo preocuparnos de lo técnico.

Hace unos años, cuando estaba recién entrando al mundo del diseño web todo lo que me interesaba era aprender a crear columnas con CSS, aprenderme las nuevas etiquetas semánticas de HTML5, conseguir efectos geniales con jQuery y aprender a usar las funciones de WordPress, pero hoy en día mis intereses son diferentes.

Actualmente lo que me interesa, por sobre todas las cosas, es adquirir y utilizar habilidades que me permitan servir de la mejor manera posible a mis clientes.

Ellos, por lo general, necesitan sitios web que les ayuden a conseguir nuevos clientes y cautivar a su público, ninguna de esas cosas las conseguiré mediante flexbox o cualquiera sea la técnica o tecnología que se ponga de moda en el futuro. Lo que me permitirá acercarme cada vez más a cumplir los objetivos de mis clientes son habilidades en diseño, comunicación y marketing, esa es la razón por la cual esos son los temas que hoy en día me motivan.

¿O sea que no importa lo técnico?

Así como los artistas que solo crean canciones para poder lucirse con sus solos de guitarra virtuosos, he visto en muchos diseñadores web la inclinación de preocuparse únicamente de lo técnico, dejando de lado por completo los elementos fundacionales que son el diseño y la comunicación. De este modo, podemos ver sitios web con cientos de efectos, movimientos y transiciones injustificadas.

Recuerdo a un colega que una vez hizo un menú en el cual, al pasar el mouse por encima de cada elemento, éste se hacía levemente más pequeño. El cliente le dijo, que estaba muy bonito, pero la filosofía de la empresa era potenciar a las personas, no minimizarlas y concluyó diciendo “Lo que veo aquí es un efecto, no un concepto”.

No había forma de discutir con ese cliente porque tenía toda la razón del mundo.

El punto es que debemos encontrar el equilibrio entre ocuparnos de la parte técnica de nuestro oficio y también de la parte teórica o estratégica, ya que una sin la otra no es nada.

No sirve de nada tener todos los efectos del mundo si no hay un concepto y un buen diseño detrás, del mismo modo que no tiene sentido crear diseños espectaculares que no se puedan llevar a la vida técnicamente.

El aspecto técnico y el teórico del diseño web son como el ying y yang, deben coexistir en armonía y potenciarse mutuamente.

Si eres de aquellos que hasta ahora solo se han preocupado del aspecto técnico de la labor del diseño web, te invito a aprender o re-aprender las bases del diseño (para lo cual mi nuevo curso podría servirte 😉 ) y a tratar de darle un trasfondo sólido a tu trabajo.

Yo, por mi parte, me iré a aprender más de flexbox y de la nueva WordPress REST API.

Un abrazo,
@FranciscoAMK

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