Diseño, Reflexión, Video | 27 de febrero de 2019

3 lecciones que cambiaron mi perspectiva como diseñador

Hace más de una década que me dedico a esto del diseño, y en este trayecto he ido aprendiendo un montón de lecciones. Algunas las aprendí mientras estudiaba, pero la mayoría han sido posteriores.

En gran medida atribuyo haber aprendido estas lecciones a haberme topado en el camino con gente interesante e inteligente, pero me doy el crédito también de haber estado atento y abierto para recibir el aprendizaje.

Como dice el proverbio, cuando el alumno está listo, el profesor aparece… y quizás, aunque no está en la lista, esa sea una de las lecciones de vida más importantes: ir por el mundo con los sentidos alerta para aprender constantemente.

Bueno, aparte de esa lección, hoy quiero hablarte de 3 lecciones que, en su momento, cambiaron mi percepción del diseño y me influenciaron para ser el diseñador que hoy en día soy.

Te las voy a contar en orden cronológico.

1. La creatividad debe estar al servicio del cliente

Tengo la sensación de que esto ya lo conté antes, pero no me acuerdo en qué video, así que aquí va de nuevo.

Yo estudié diseño en horario vespertino, de modo que durante el día tenía un trabajo en horario regular, con el cual me pagaba la carrera.

Cuando comenzaba mi segundo año de estudios, estaba trabajando en una imprenta pequeña y mi rol era encargarme de los diseños e imprimir ciertas cosas menores.

Un día llegó un señor que era dentista y quería unas tarjetas de presentación. Tomé el encargo y me puse a diseñarlas.

En aquel entonces estaba, como decimos acá en Chile, engrupido con el tema del diseño. Como cualquier persona inmadura que sabe un poquito más que el común de la gente, me sentía como un verdadero experto en diseño.

Las tarjetas que diseñé me parecían lo máximo en términos de creatividad y un caso de estudio del cual se iba a hablar en universidades por décadas. Pero se las mostré a mi jefe y me las rechazó con molestia.

En aquel momento me enojé y, en mi arrogancia inmadura, me pareció una falta de respeto… aunque con el tiempo aprendí que el jefe estaba en toda la razón al rechazarme el diseño.

Lo que yo hice fue más o menos como lo que vez a continuación y, para ser honesto, lo hice con la pura intención de hacer algo creativo, para mi propia satisfacción.

tarjetas.jpg

Esto no lo aprendí en el momento, pero mirándolo en perspectiva y con un poco más de madurez comprendí una lección muy importante de esta anécdota: el diseño debe estar al servicio de alcanzar el objetivo que el cliente se haya planteado y no de satisfacer mi deseo personal de creatividad.

Lo que el cliente quería era que sus clientes conocieran qué es lo que hace y entablaran cierta relación de confianza, pero las tarjetas que yo diseñe, iban en el sentido contrario. Nadie quiere ir al dentista para que le abran la boca y le metan aparatos.

2. Buscar oportunidades de diseño, no problemas

Cuando estudiaba diseño gráfico, mis profesores constantemente repetían que el diseño existe para resolver problemas. Que los diseñadores somos solucionados de problemas. Incluso tengo colegas y amigos que al día de hoy repiten esa máxima una y otra vez.

No creo que en su momento haya tenido el vocabulario o la elocuencia para plantearlo correctamente, pero ese concepto del solucionador de problemas siempre me pareció aburrido y poco excitante.

Si me encuentras un lunes en la mañana y me preguntas ¿Cómo está el ánimo, listo para resolver muchos problemas esta semana?.. Ugh! Sinceramente ¿A quién le gusta resolver problemas?

Varias veces me han preguntado por qué no juego video juegos y en esencia es porque ya tengo suficientes problemas reales en mi vida para, además, andar resolviendo los problemas de un personaje ficticio.

Este tema incluso me hizo, por ratos, cuestionarme si estaba hecho para ser un diseñador o no.

Cuando comencé a hacer mi práctica profesional me pasaba el día junto a Leo, la persona encargada de dirigirme y revisar mi trabajo. En una ocasión mientras conversábamos, él me mencionó que tampoco le gustaba el concepto de los «problemas de diseño» y que en su lugar había llegado al concepto de «oportunidades de diseño».

Irónicamente, para mí esto representó la solución al problema que tenía aceptando el concepto del diseñador como un solucionado de problemas.

Desde entonces, en lugar de ir por la vida buscando problemas de diseño para resolver, me la paso buscando oportunidades para diseñar.?
¿Qué entiendo como una oportunidad? Cualquier situación en donde haya un espacio libre en el cual un diseño pueda aportar algo positivo.

Ya sé que seguramente estás pensando que ese «algo positivo», a la larga es la solución de un problema, y seguramente tienes razón, pero el objetivo de este cambio de perspectiva no es tan práctica, sino más bien semántica.

Lo que busca este enfoque no es describir de manera más exacta la disciplina del diseño, sino enmarcarla en un contexto que realmente me motive.

¿Te hace sentido?

3. La cabeza del diseñador es una bodega de ideas

Ya con un par de años trabajando como diseñador fui convocado a trabajar bajo el alero de mi amigo Luis Fuentealba, de quien aprendí un montón de cosas, pero voy a enfocarme en una en particular.

En una ocasión le pregunté a Luis de dónde sacaba tantas ideas, cómo podía pasar de un estilo a otro en cosa de minutos y que le saliera bien. Entonces se sentó en su pose Soto Zen y dijo: «La cabeza del diseñador es una bodega de ideas».

Bueno, para ser sincero no me acuerdo bien si esa fue la frase exacta, pero al menos engloba el concepto.

Hasta entonces yo hacía lo que la mayoría de los diseñadores hacemos: Nos enfrentamos a un nuevo diseño y comenzamos a buscar inspiración, qué se ha hecho antes en esa área del diseño, qué piezas han sido creadas exitosamente para un concepto similar y qué inspiración podeos sacar de ellas. Pero con este nuevo concepto de la cabeza como bodega, la lógica es completamente inversa.

Desde entonces, en lugar de comenzar a buscar inspiración al momento de enfrentarme a un nuevo proyecto, estoy constantemente buscando ideas, pequeños fragmentos de inspiración, aunque no sepa en qué los voy a usar.

Esta búsqueda no solamente se limita a ver diseños, sino que se extiende a todo lo que puede provocar una respuesta sensorial como colores, sonidos y aromas. Todo esto se va almacenando en la biblioteca mental.

Por ejemplo, puedo ir caminando por una calle rural y ver una flor cuyo pétalo tiene una pigmentación que sutilmente pasa del violeta al rosado, generando una sensación muy amable y sutil. Eso lo guardo en mi cabeza, sin saber qué voy a hacer con ello.

Dos años más tarde me toca trabajar el sitio web de una empresa de spa y necesito diseñar algo que genere una sensación amable y sutil… entonces es la oportunidad ideal de utilizar los colores que vi en ese pétalo.

El beneficio de ir almacenando ideas en tu cabeza, es que es muy probable que lo olvides, o que no lo recuerdes exactamente, así cuando lo aplicas nunca será una copia de aquello que viste originalmente.

——

Bueno, este listado originalmente constaba de 6 lecciones, pero el contenido ya se está poniendo muy largo. En otra ocasión te contare las otras 3 lecciones que faltaron hoy.

Pero igual te voy a contar una lección extra como bonus track.

Bonus: La mejor forma de aprender es enseñar

Esto no lo incluí oficialmente en la lista, porque no está directamente relacionado al diseño, pero sí me ha definido profundamente.

Cuando niño yo era el típico chico que saca las mejores calificaciones del curso, entonces, en las pruebas algunos querían copiarme, pero a mí no me gustaba, porque iba contra las reglas.

¿Qué hacer entonces?

En lugar de dejar que me copiaran en las pruebas, yo me ofrecía a enseñar antes de la prueba a todos los que querían aprender o al menos repasar.

Sin quererlo esto me terminó ayudando bastante porque, para poder enseñar a los demás, primero tenía que aprender yo. Así que de este modo me auto-impuse una responsabilidad que me obligaba a aprender y no solo eso.

Para enseñar algo a otra persona no solamente tienes que entenderlo, sino que además debes poder mirarlo desde otras perspectivas y explicarlo en palabras sencillas. Así que terminé desarrollando la capacidad de explicar las cosas de una manera que, hasta el día de hoy, me han dicho es bastante amigable.

Además de eso, me fui dando cuenta de que de verdad me gusta enseñar.

Por eso me gusta hacer estos videos y los cursos que tengo en mi plataforma AMK Pro, porque me sirve para mezclar dos de las cosas que más me gusta hacer: diseñar y enseñar.

No es algo que haga solo por el dinero o que lo vea común tipo de obligación forzada. Sinceramente creo que es en donde más le saco el provecho a mis capacidades.

Bueno, si quieres apoyarme y aprender más sobre diseño, puedes unirte en amkpro.com y acceder hoy mismo a más de una decena de cursos.

Por ahora me despido y nos encontramos en una próxima ocasión, en un curso en línea, en un nuevo video o en alguna otra aventura por el internet.

Un abrazo,
@FranciscoAMK

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