Personal, Reflexión | 6 de diciembre de 2017

No eres tan genial como crees

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Era un día normal de trabajo, tenías algunos problemas creativos que resolver y estabas en ello. Probaste diferentes ideas, algunas conservadoras, unas más atrevidas. Algunas más tradicionales otras más creativas.

Al cabo de unas cuantas horas sentiste cierta incomodidad y decidiste que era momento de tomar un descanso, así que saliste a caminar y aprovechaste de comprar algunos víveres del minimarket.

Al regresar miraste cono ojos frescos lo que habías hecho y notaste que realmente no era tan bueno como creías. Entonces decidiste probar con aquella idea que se te ocurrió mientras caminabas. El resultado superó, por mucho, todo lo que habías hecho previamente. Otra vez llegó la hora de un descanso, así qua fuiste a almorzar.

Después de terminar tu almuerzo volviste a mirar lo que hiciste y ¡qué sorpresa! Era incluso mejor de lo que recordabas. Se trataba de una idea completamente original, que no se parecía a nada que se haya hecho antes. Partía de un concepto muy novedoso y tenía un trasfondo muy profundo.

Sentiste un tremendo orgullo por tu trabajo y confirmaste, una vez más, lo buena o bueno que eres en lo que haces.

Tus amigos, tus seguidores en redes sociales e, incluso, algunas personas influyentes en tu disciplina te felicitaron y resaltaron lo creativo y original que eres.

Si ya estabas conforme con tu trabajo, después de recibir tantos halagos estás realmente feliz. Si al principio creíste que tu trabajo era completamente único y original, ahora tienes la certeza de que así es.

Bueno, para mí eres ignorante y también arrogante.

¿Por qué ignorante?

A no ser que seas un hermitaño o un niño que creció siendo criado por lobos, puedo asegurar que eres una persona que vive en sociedad y, por muy retraído que seas, no se puede negar que la sociedad tiene una gran influencia en todo lo que haces.

Cada una de tus creaciones se ha visto influenciada por el contexto social, económico y cultural en el que te desenvuelves. Además, por muy personales que sean tus proyectos, las experiencias que te han inspirado, probablemente han sido en relación a tu interacción con otros humanos.

Es cierto, podrás argumentar que eso es solo un contexto general, pero no es tan así. Como parte de ese contexto también están presentes aquellos creadores que antes de ti han practicado tu disciplina.

No eres el primer diseñador, ni el primer dibujante, ni el primer fotógrafo que habita este mundo. Ha habido gran cantidad de artistas y creadores antes de ti y, de una u otra forma, han influenciado en tu trabajo.

Quizás hoy tienes una preferencia hacia un diseño más minimalista porque cuando niño entraste a una oficina con arquitectura de este estilo y quedaste encantado. Hoy puede que no recuerdes esa experiencia racionalmente, pero la influencia de ese arquitecto habita en ti e impregna lo que haces.

Eres ignorante porque desconoces lo que hubo antes. Eres ignorante porque no conoces a todos los diseñadores que han creado piezas geniales previamente. Eres ignorante porque no sabes cuanta influencia del trabajo de otros hay en lo que creas. Eres ignorante porque no hay otra forma de ser. Ningún humano ha llegado jamás a conocer la historia completa de la humanidad ni estar al tanto de todas y cada una de sus creaciones.

Ser ignorante no es algo malo, es más bien algo positivo, ya que una vez que lo asumes te pone en la posición perfecta para aprender.

Debemos ser justos con todos los creadores que han existido en este mundo y comenzar cada nueva creación sabiendo lo ignorantes que somos, sabiendo que lo que hacemos es en parte gracias a nuestra propia capacidad, pero también gracias al trabajo de todos los creadores que directa o indirectamente nos han influenciado.

Debemos presentarnos al momento de crear aceptando nuestra ignorancia y agradeciendo todo aquello que desconocemos y que nos ha hecho estar donde estamos.

¿Por qué eres arrogante?

Eres arrogante al no reconocer la influencia que el mundo, la sociedad y los otros creadores alrededor del mundo tienen sobre tu trabajo. Eres arrogante al pensar que todo nació de ti, al creer que fuiste tú y solo tú quien tuvo un destello de genialidad y dio a luz una magnífica creación.

Eres arrogante al negar que no eres más que el resultado de miles de años de creación humana, al negarte a aceptar que todo es un remix, incluso tu maravillosa creación.

Ignorancia y arrogancia es una mezcla peligrosa, ya que puede llevarte a elevar tu ego en proporciones incontrolables, a entrar en discusiones sin sentido y puede hacerte creer que eres dueño de una idea o un estilo. No lo eres.

Si hacemos un repaso a cualquier obra creada por un ser humano que vive en sociedad, siempre encontraremos alguna referencia, inspiración o influencia de algún trabajo previo. Bien lo resume esta genial tira de Sephko.

Mejor ser un ignorante humilde

Siempre seremos ignorantes, no tenemos más opción que aceptarlo, pero no tenemos por qué ser arrogantes, podemos cambiar nuestra actitud.

Aceptemos nuestra ignorancia con gratitud y humildad.

Cuando digo humildad no me refiero a ser un «poca cosa» o mirar en menos tus propios logros o capacidades, sino a admitir públicamente y dar el reconocimiento a todos aquellos que, de una u otra forma, aportaron para que tú pudieras crear.

Eso también aplica a este mismo artículo, por supuesto, así que debo agradecer la tremenda influencia que ha sido Chris Do (y too el equipo de The Futur) en el último tiempo en cuanto a mi forma de afrontar mi trabajo como diseñador.

De hecho, si vamos a lo más específico, podría decir que la reflexión en este artículo es solo mi forma de expandir la idea que Chris expuso en esta frase:

La idea de ser original es ignorante y arrogante. Ignorante porque no sabes lo que hubo antes. Arrogante porque piensas que fuiste solo tú.

Un abrazo,
@FranciscoAMK