Cómo logré diseñar un logo en dos horas
Hace bastante tiempo que vengo preparando un proyecto muy interesante (del cual ya te contaré en su debido momento). Hasta hace un par de semanas todo había salido de maravillas, pero cuando me tocó diseñar el logo del proyecto la cosa se me puso un poco difícil. No necesariamente porque el diseño corporativo no es mi especialidad, sino por la falta de tiempo.
La tarea de diseñar el logo se me presentaba al mismo tiempo que las entregas de varios clientes y la operación de mi esposa. El tiempo que podía dedicar a esta labor era tan limitado que si usaba más de dos horas en ello afectaría, indudablemente, a mis otras responsabilidades.
Con esto en mente me lancé al diseño del logo, tratando de hacer lo mejor posible dentro del limitados tiempo con el que contaba.
Mientras hacía bocetos en mi libreta y trabajaba en Illustrator, observaba el reloj cada tanto para asegurarme de seguir dentro del plazo permitido y apresurarme, si fuera necesario.
Durante esas dos horas no hubo youtube, ni podcasts, ni llamadas telefónicas, ni mensajes de texto… nada que me interrumpiera, salvo un par de conversaciones con mi esposa dentro del contexto del mismo diseño.
Cuando quedaban cerca de veinte minutos, observé las cosas que había hecho hasta entonces, escogí la mejor de las opciones, la refiné un poco y al cabo de las dos horas ya tenía mi diseño listo. No es el mejor logo del mundo, no creo que llegue a ganar ningún premio con él, pero ¿Sabes qué? Tener ese logo es mucho mejor que no tener ninguno. Es mucho mejor que haberme dicho a mí mismo que era «imposible» diseñar un logo en solo dos horas.
Dedicar tan poco tiempo a un diseño de logo no es lo más profesional y completar el encargo en ese tiempo reducido depende en gran parte de mis habilidades personales, pero lo comparto contigo para ilustrar el siguiente punto:
Las cosas toman tanto tiempo como les dediques
Si me hubiese dicho a mí mismo que tenía diez días para tener el diseño, estoy casi seguro que habría usado un par de días en bocetear ideas, otros cuantos en vectorizarlas y otros más en refinar la mejor opción, ocupando así, los diez días disponibles.
Es cierto que las cosas toman su tiempo en realizarse, pero también es cierto que si nos presionamos las podemos realizar mucho más rápido.
Al escribir esta frase pienso de inmediato que cuando hago aseo en casa suelo tardarme una mañana completa, pero cuando alguien me avisa de sorpresa que viene a visitarme, tengo la casa reluciente en menos de 15 minutos.
Por eso, si tienes alguna idea o proyecto dando vueltas en tu cabeza y aún no la llevas a cabo bajo la excusa de «no tengo suficiente tiempo», permíteme preguntarte:
¿Y qué tal si lo haces en menos tiempo del suficiente?
Si no puedes conseguir las veinte horas que necesitas ¿Qué tal si te comprometes a hacerlo en tres? Si no puedes dedicarle dos semanas ¿Qué tal si lo haces en un fin de semana?
No se trata de faltarle el respeto a aquello que tienes que hacer sino de honrarlo al ofrecerle lo que sea que tengas a tu alcance. Se trata de salvarle de caer en el grupo de «cosas que quería hacer, pero nunca encontré el tiempo para hacerlas» y ponerle en el grupo de «cosas que hice a pesar de las dificultades».
Desafía tus propios límites
Si te encuentras en la situación de desear hacer algo, pero no encuentras todo el tiempo que necesitas, intenta hacerlo en el tiempo que tengas, por poco que sea.
Quizás deseas actualizar tu portafolio, diseñar tu logo personal, hacer un video, pintar una acuarela o grabar una canción… lo que sea, desafíate a hacerlo en menos tiempo del que crees posible. Quizás descubras que tus capacidades son mejores de lo que pensabas o quizás obtengas un bodrio como resultado. No importa, recuerda que es solo un experimento y, al menos, lo habrás intentado y sabrás de forma empírica que requieres más tiempo para un resultado decente.
No creo que auto-presioanrse con plazos irrazonables todos los días y a cada hora sea una forma sana de vivir, pero de vez en cuando viene bien, como una forma de demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de mucho más de lo que creemos.
Inténtalo por tu propia cuenta y verás cómo ganas más confianza en tus capacidades y ¿Quién sabe? Quizás acabes con un logo, portafolio o sitio web nuevos.
Un abrazo,
@FranciscoAMK