A diseñar se aprende diseñando
Supongo que hay cosas que se pueden aprender solo observando o leyendo. Tienen que existir. Hay mucha gente que se aventura en alguna disciplina creativa (diseño, ilustración, fotografía, etc) pensando que con solo observar a otras personas o leyendo libros llegarán a alzar cierto grado de maestría, y eso debe estar fundamentado en alguna experiencia que compruebe que ese es un camino viable.
Pero yo no encuentro ninguna experiencia en mi vida en donde haya aprendido a hacer algo solo con observar o leer.
Mi papá es carpintero y mueblista. Siempre lo observé hacer cosas en su taller los fines de semana. Lo vi reparar sillas, mesas y puertas; hacer closets, cajoneras y sillas de playa; cortar madera, clavar, martillar, cepillar, atornillar y ¿Sabes qué? Soy un completo fiasco haciendo cualquiera de esas cosas.
El simple hecho de observarlo no fue suficiente para aprender a trabajar con la madera. Sin duda me sirvió para entender a grandes rasgos cómo se hace, pero en ningún caso me dio la habilidad para realizar un trabajo de ese tipo por mi propia cuenta.
Acá en Chile tenemos un término (un poco raro) para identificar a la gente estudiosa, les llamamos «Mateos». Yo soy lo que se consideraría un mateo, siempre tuve el primer lugar de la clase siendo un estudiante y me gusta aprender tanto como sea posible de las cosas que me interesan.
Cuando me entusiasmo con algo, me aventuro a leer y estudiar al respecto, pero eso de nada vale si no va acompañado de una aplicación en la vida real. Si hago un recuento de todas las cosas que he aprendido a hacer bien, en todas ellas hay una mezcla de aprendizaje teórico y una práctica consciente.
Cuando quise aprender diseño web leí mucho y vi un montón de tutoriales, pero no habrían servido de nada si no hubiese aplicado esos conocimientos en la práctica. Lo mismo aplica con aprender a diseñar, escribir, dibujar, tomar fotografías, tocar algún instrumento o desarrollar cualquier otra habilidad.
La práctica es lo que hace al maestro
En algunas disciplinas la importancia de la práctica es mucho más notoria que en otras, por ejemplo, las que implican un trabajo con el cuerpo.
Recientemente he comenzado a practicar Tai Chi, la verdad es que me gusta mucho asistir a las clases y practicar en casa. Desde el principio me sentí muy atraído por la filosofía detrás de este arte, por eso he estado aprendiendo bastante al respecto. Ya he leído dos libros sobre el tema, he visto varias entrevistas de Xungliang Al Huang y un par de documentales. Todo eso sin duda ha ayudado a una mejor comprensión del Tai Chi, pero es solo teoría; los movimientos, la respiración, la calma y la belleza de la conexión solo se consiguen en la práctica misma. Por eso uno no debería decir «soy un estudiante de Tai Chi», sino «soy un practicante de Tai Chi».
Me gusta pensar que soy un practicante del diseño, porque lo practico todos los días.
Esta idea de aprender alguna disciplina a través de la práctica directa es un concepto muy antiguo. Si nos remontamos antes de la revolución industrial, verás que a quien dominara cierta disciplina o arte, como por ejemplo la carpintería, se le consideraba maestro.
Un maestro habitualmente recibía a un aprendiz, a quien traspasaban todos sus conocimientos para que, en el futuro, quizás lo pudiera reemplazar o pudiera aportar con el mismo trabajo en otro pueblo o a otra gente.
Hoy, lamentablemente, ya no hay muchos aprendices. Sin duda hay generosidad de parte de muchos maestros que comparten sus conocimientos a través de libros y otro tipo de medios, pero el contacto directo, la posibilidad de estar al lado de alguien que sepa lo que hace para poder observarlo y recibir sus correcciones se ha ido perdiendo.
Busca un maestro y sé su aprendiz
Hace poco estuve en una charla y una chica me hizo una pregunta muy interesante que se resumía básicamente en «¿De donde saco confianza y experiencia para afrontar proyectos de diseño, siendo que aún soy estudiante?».
La pregunta deja de manifiesto y vacío importante que hay en la educación universitaria y es que te prepara muy bien en lo técnico y en lo teórico, pero no te da la experiencia del mundo real. Esto lo recibes solo siendo aprendiz de un maestro… o simplemente lanzándote al mundo y aprendiendo las lecciones a golpes.
Por eso mi respuesta a esta muchacha fue que se acercara a algún diseñador que ella conociera, que se ofreciera a ayudarle incluso aunque no hubiera una compensación económica. Todo eso con tal de que pudiera estar sentada a su lado y verle trabajar, acompañarle a las reuniones con clientes y aprender cómo se presenta un diseño o se vende un proyecto de diseño, contar sus comentarios sobre su trabajo y, eventualmente, comenzar a colaborar en las reuniones, en las presentaciones y los diseños.
Sé que no todos tienen las posibilidad de tener un maestro, pero al mismo tiempo todos la tenemos. Si quieres ser aprendiz de alguien, el internet te lo permite.
Vivimos en una época en donde casi todo el mundo comparte en internet sus ideas, sus procesos y su trabajo. Si ves a algún profesional creativo y te gustaría ser su aprendiz, simplemente comienza a aprender de él o ella a partir de estos pequeños fragmentos de contenido. Será un proceso más largo que si lo tuvieras junto a ti cada día, pero si te esfuerzas y desarrollas una forma de ir aprendiendo de lo que hace y lo vas aplicando creativamente en tu trabajo, puedes aprender y mejorar un montón.
Aprender es un proceso que nunca termina
Y según mi experiencia, luce más o menos así:
- Aprendes un poco, solo lo necesario para comenzar a explorar en la práctica.
- Aplicas en la vida real lo que haz aprendido.
- Aprendes un poco más, por interés propio y para sobreponerte a las dificultades que encontraste en la práctica.
- Vuelves a practicar.
- Si es posible, recibes comentarios y ayuda de algún maestro.
- Comienzas de nuevo desde el paso tres.
Un abrazo,
@FranciscoAMK